Vale la pena destacar algunas de anécdotas de esta experiencia.
- Así como éste fue mi trabajo mejor remunerado en la vida, llegando una semana a ganar 1000 dólares (lo que supera ampliamente a mi pasantía en Techint y todos los trabajos anteriores en NZ y Australia), una de las tareas que me tocaron realizar fue cavar para destapar la vieja cloaca de la casa. El olor no tenía descripción… Por suerte este verano llovió como nunca en la historia de Sydney y eso hacía que el pozo se vuelva a llenar una y otra vez… Uffff!!!!
- Un día estábamos quemando todos los restos de madera y otras cosas combustibles. Una famosa técnica de reciclado mundial. La cuestión es que aparentemente en este parque nacional estaba prohibido iniciar cualquier tipo de fuego. No pasaron 90 minutos que ya teníamos un inspector del “council” haciendo un reporte al respecto. Pero una multa no era lo más grave. Ahí me enteré que la construcción no había sido autorizada por el council, lo que comprometía no sólo la continuidad de la obra, el bolsillo de los dueños sino a todos los obreros, entre ellos a un joven argentino indocumentado que trabajaba en el jardín de la casa. CHAN! Y uno piensa que estas cosas sólo ocurren en el 3er mundo… Fue gracioso (y vergonzoso) ver como trabajábamos a toda máquina para disimular todas las irregularidades de la construcción, atentos a la llegada de cualquier inspector a lo que correríamos desesperadamente selva adentro.
- Sin embargo, a pesar del inconveniente comentado, debo rescatar la gentileza y la atención mis contratantes. Paul y Jane fueron muy cordiales conmigo. Se preocupaban continuamente de mi salud, cansancio, alimentación (no saben cómo me alimentaban!!) y otro tipo de cuidados. Gozaban de preparar café expreso y todo tipo de delicias para el ‘mourning tea’ y de compartir almuerzos con charlas de política, religión, cultura y otras yerbas. Podría llegar a decirse que esa era mi más importante tarea del día. Hasta llegué a disfrutar de unas exquisitas chuletas de cerdo cocinadas por Paul mismo, que fue lo más parecido a carne argentina que probé en todo mi viaje.
- Además de este matrimonio, fue toda una experiencia trabajar y convivir con diversos personajes. Nety, una señora de por lo menos 55 años, era la supervisora del trabajo en el jardín. Tenía unas pilas impresionantes, una fuerza y una alegría que contagiaban. Un empuje para trabajar y con una onda que era un testimonio de vida. JP, el hijo de Paul, era un pendejo de 23, recién recibido de ingeniero químico y a punto de empezar una maestría, pero que para las tareas de jardín no había nacido. Un pendejo super intelectual que podía argumentar de cualquier tema de mesa de brandi, pero que evidentemente le faltaba calle y vida. Los obreros eran un cuento aparte… Pero vale un comentario aparte para uno croata, fanático del futbol, medio histérico (si lo mirabas con un ojo), que trabajaba con el blue tooth conversando el 90% del tiempo con la mujer y que un fin de semana voló a Melbourne sólo para recibir unos masajes de un gurú en traumatología, ya que tenía una molestia en la espalda que no lo dejaba vivir en paz. O el otro que cuando hubieron unos días de olas asombrosas llegaba 3hs más tarde al laburo y se iba en el primer turno para surfear a lo campeón. También podemos señalar lo grotesco que era Ryan (el jefe) que no dejaba de maldecir y jorobar al quien tuviera al lado. Pero además de todos estos compañeros vale destacar a Tuckker, un horrible perro salchicha que era la perdición de Jane. Lo trataba mejor que a un hijo, le hablaba hasta incomodar a los obreros que no sabían si decirle a la mina que era un perro o si hablarle para contentarla. Hasta le festejaron el cumpleaños con torta, regalos y todo… Un show!!!
2do Pilar: Fulbo
Desde el día que tomé la decisión de viajar, allá por febrero de 2007, venía boqueando que quería ir a probarme a un club neozelandés de fulbo. Lamentablemente, en los 2 lugares donde estuve instalado trabajando no había ningún club, por lo cual todo lo que pude hacer fue organizar amistosos con la gente del hotel o sumarme a los fulbitos de los sudamericanos en Queenstown. Recién se me cumplió el sueño en mi último mes del viaje. Entré a jugar en los Avalon Bulldogs, que para mi regocijo usaban la casaca toda roja, como mi corazón. Entrenábamos martes y jueves y jugábamos los fines de semanas. Además estaba saliendo a correr por la playa haciendo pretemporada todo pensando en mi confirmado regreso al primer equipo de Dale Gas. En mi primer amistoso jugué de 5, en el equipo reserva, pero después del partido el coach me pidió que me quedara a jugar con la primera. Debo decir que estaba motivado, nunca tan flaco (por mi laburo de gardener) y jugando mi mejor futbol. En ese partido el DT presta atención en mis botines nike 90 desvencijados y me dice: “Con esa porquería no podés jugar… Cuanto calzas?”. Al entrenamiento siguiente ya tenía timbos y canilleras nuevas. Qué tal? Para el partido siguiente me convocaron a jugar en el primer equipo, y me decían que estaban muy ilusionados conmigo, pero lamentablemente no puede jugar ya que con los muchachos del hostel alquilamos un auto y nos fuimos a conocer Melbourne. Y a mediados de la semana siguiente tenían que cerrar la lista y querían que me registre, a lo que tuve que sincerarles que a fin de mes me volvía para Argentina. A partir de allí volví a jugar con la reserva. Un inicio muy prometedor, un muy rápido final, pero una fabulosa experiencia. Además me permitió conocer a muchachos de mi edad, que no eran backpackers del resto del mundo, sino que eran locales. Y el sueño del pibe, corto, pero cumplido…
3er Pilar: Planeamiento
Además de los aspectos económicos y físicos, mi idea en este mes era de empezar a meditar y programar un poco mi regreso. Empecé a darle vueltas a algunas ideas que a lo largo de todo el viaje se me fueron apareciendo. Así empecé a analizar un sabio libro de Sábato, pensar una propuesta para trabajar con jóvenes universitarios, curiosear en la política y analizar la posibilidad de empezar una maestría en sociología… Aunque a decir verdad este fue el pilar más relegado y quedó tarea pendiente para Baires.
Anexo: Viaje
El anexo se refiere a un viaje a Melbourne que hicimos con Lucas, Pato y Dani. Alquilamos un Toyota Corola nuevito, y nos embarcamos hacia una de las ciudades más lindas del mundo. Salimos un viernes a las 20hs, encarando los más de 850km que separan a Sydney de Melbourne. Despues de turnarnos 5 hs de manejo, decidimos hacer noche en al costado de la ruta para continuar nuestro recorrido al amanecer. Llegamos a destino, pero el viaje no había terminado: estuvimos 1h intentando encontrar un lugar para estacionar gratis.
El día lo dedicamos a recorrer la ciudad, visitar los mercados, museos, monumentos y paseos. Pero lo más destacable fue cuando nos sacamos la foto en el ‘Rod Laver Arena’, que para los colgados es el estadio en el cual hace unas pocas semanas Djokovic había ganado el Gran Abierto de de tenis de Australia (el 1ero de los 4 Grand Slams). Esa noche hicimos unos bifes en la bar-b-que de una plaza y rompimos la noche australiana para empezar a festejar a lo grande el cumpleaños de Luquitas.
Tortícolis y mezcla de olores humanos fue lo menos que sufrimos después de dormir los 4 grandulones en el auto 3 puertas. Pero dormir en el tutú era la manera de amortizar el alquiler del mismo, por lo cual no hubo quejas sino aguante… Aprovechamos para hacer reposo en una playa que es famosa por la enormidad de sus olas y por la escena final de una película y a la tardecita nos encontramos con los vascos que también se tomaron unos días para recorrer. Así se armó buena comilona para seguir festejando el cumpleaños y la vida. Ese día me bajó toda la tensión de la extrañitis, el laburo físico y el cansancio mental, así que terminé con un dolor de cabeza padre y me fui a dormir temprano. Por suerte los muchachos me bancaron y me dejaron en el auto, ya que a los que les tocó carpa sufrieron la noche más fría de la temporada.A la mañana siguiente encaramos la famosa “Ocean Road” que como su nombre indica es una ruta que bordea el océano al sur de Australia. Unos caminos fabulosos nos esperaban. Luego, lamentablemente tuvimos que empezar a encarar la vuelta. Y cuando llamo a mi jefe para avisarle que volvía me comenta que no me necesitaba. CHAN! Se me había cortado el chorro!! Todo mal!! Así que los convencí a los muchachos de que en el regreso nos desviemos para conocer Canberra, la capital australiana, que fue una ciudad construida de la nada para ser capital nacional ante las tensiones entre Sydney y Melbourne por ser el centro político del país. Lo que nos encontramos fue una ciudad fantasma. Altamente sobredimensionada, notablemente artificial, la metrópolis se encontraba más vacía que billetera de docente argentino. Cientos de edificios en alquiler, plazas y calles desiertas, sólo habitada por funcionarios y familias con cargos gubernamentales.
Por último destacar como Pato nos dejó sin nafta en medio de la ruta, camino a casa. Lucas tuvo que hacer dedo hasta la próxima estación de servicio para darle de comer a la nave.
Unos 4 días de corte, descanso, festejos y turismo que fueron clave en medio de la fructífera operación Avalon…